Carrito

Una de las consultas más frecuentes en un despacho de abogados dedicados a las herencias,  es el referente a cómo evitar que hereden los hijos políticos. Se oyen frases tan frecuentes como,  “yo no quiero que la mujer de mi hijo – o el marido de mi hija- llegue a heredar mis bienes….”, o otras como “no quiero que mis bienes lleguen a los hijos de la compañera /o de mi hijo /a que no son mis nietos….”.

Parece que es recíproca la relación con el suegro/a y sus hijos políticos, pero también parece lógico y natural que una persona quiera que sus bienes no vayan a parar a personas fuera de su tronco familiar, es decir que no lleven su sangre.

En esta relación tenemos que tener en cuenta dos aspectos importantes. Por un lado el deseo natural de que los bienes de una persona no lleguen nunca a políticos y por otro,  que estos mismo bienes no sean administrados por el hijo político,  caso que falte o no pueda hacerlo el hijo natural.

Veamos pues los dos casos:

En el primer supuesto,  lo que se trata es que ante el fallecimiento de una persona, sus bienes queden a favor de sus hijos y en su defecto, a favor de sus nietos, pero nunca al cónyuge del hijo. Y no sólo por la mala relación que pudiera haber entre ellos, sino porque este cónyuge puede tener hijos de una anterior relación (o hijos posteriores) a los que puedan llegar a parar nuestros bienes, incluso en perjuicio de nuestros nietos. Imaginémonos el caso de que nosotros fallecemos y hereda todo nuestro hijo Pepe. Pepe hace  un testamento a favor de su esposa María, que a su vez tiene hijos de una anterior relación. Al fallecer María nos encontramos con un testamento a favor de los hijos de su anterior relación, dejando apartados a nuestros nietos. Si bien es cierto que hay mecanismos legales para reclamar parte de la herencia (legítima, bienes reservables, reversiones, etc), lo cierto es que el lío está montado y más si María, en vida, ha vendido los bienes que le venían de su marido (los nuestros) y ha comprado nuevos bienes.  Vaya Vd. a reclamar ¡¡

Pero no sólo es eso. Puede darse el caso de que este yerno o nuera,  heredero de los bienes de nuestro hijo, venda en vida o malgaste todos nuestros bienes, en perjuicio de nuestros nietos. Y volvemos a la misma situación que la anterior, la de tener que enfrentarnos a una reclamación judicial.

El segundo supuesto a tener en cuenta,  es el de aquellos casos que, si bien los bienes pasan a nuestros nietos ante la falta de un hijo nuestro (fallecimiento), o ante la incapacidad de éste, los bienes van a estar administrados por su otro progenitor, es decir por el padre o madre viudo que es nuestro hijo político. Y a veces la administración de los bienes no es del todo “leal”, pudiéndose producirse injusticias o movimientos extraños en beneficios del progenitor que perjudiquen a nuestro nieto. Es decir no es que los bienes vayan a parar a nuestro yerno o nuera. Pero si van a estar administrador por ellos. Y ya se sabe, quien maneja y reparte se lleva la mejor parte…

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Vamos pues a buscar soluciones para ambos supuestos:

En el primero de ellos, el de que nuestro hijo pueda dejar heredero a su cónyuge, en perjuicio de nuestros nietos, tenemos la figura del fideicomiso. Mediante este diseño establecemos que nuestros bienes pasen a nuestros hijos, pero que a su fallecimiento pasen obligatoriamente a sus hijos -nuestros nietos- es decir que nuestro hijo no los podrá dejar a su cónyuge en testamento. Incluso en vida de nuestro hijo podemos establecer la prohibición de que pueda venderlos o simplemente la prohibición de que no pueda regalarlos (pensando en su cónyuge).

En el segundo supuesto, el de que un hijo nuestro fallezca (o quede incapacitado)  y su cónyuge administre los bienes de su herencia, es decir nuestros bienes, tenemos que establecer en el testamento y convendría también que nuestro hijo así lo estableciera en el suyo, que ante este supuesto, los bienes serán administrador por otra persona, normalmente los tíos de sangre, es decir los otros hijos del testador hermanos de nuestro hijo difunto. Si hay más de uno conviene nombrarles administradores de forma mancomunada, así ninguno de ellos podrá disponer de los bienes,  sino que necesitarán la firma conjunta de todos ellos para poder disponer de estos bienes. De esta manera descartamos que el yerno o la nuera pueda administrar los bienes de nuestros nietos ante la defunción o incapacidad de un hijo nuestro.

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Alejandro Ebrat

Alejandro Ebrat

Nacido en Barcelona el 26 de febrero de 1.958, es licenciado en Derecho. Presidente de la Sección de Derecho Financiero y Tributario del Iltre Colegio de Abogados de Barcelona y Vicepresidente de la Asociación Catalana de Especialistas en Derecho de Sucesiones. Titular de despacho profesional en Barcelona. Profesor de máster en derecho por la UB y el ICAB. Conferenciante asiduo en Colegios y Asociaciones profesionales. Tertuliano en distintos programas televisivos y radiofónicos y a su vez columnista en diarios y revistas de difusión nacional sobre cuestiones asociadas a las herencias y a la tributación. También es autor de múltiples libros.

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