Carrito

La enfermedad de Alzheimer (EA), también denominada mal de Alzheimer o demencia senil de tipo Alzheimer, es una enfermedad neurovegetativa, que se manifiesta como una pérdida inexorable y progresiva de la función cognitiva, la aparición de trastornos conductuales y con el tiempo hasta la incapacidad de llevar a cabo las tareas más simples. Afecta a la memoria, el pensamiento y al comportamiento. La enfermedad de Alzheimer se caracteriza en su forma típica por una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las células nerviosas (neuronas) mueren y diferentes zonas del cerebro se atrofian. En la mayoría de las personas afectadas con esta enfermedad, los síntomas aparecen por primera vez después de los 60 años de edad.

La enfermedad toma su nombre del Dr. Alois Alzheimer. En 1906 el Dr. Alzheimer notó cambios en los tejidos del cerebro de una mujer que había muerto de una rara enfermedad mental. Sus síntomas incluían pérdida de la memoria, problemas de lenguaje y comportamiento impredecible.

Después que la mujer murió, el Dr. Alzheimer examinó su cerebro y descubrió varias masas anormales (actualmente llamadas placas amiloideas) y bulbos retorcidos de fibras (actualmente llamados ovillos o nudos neurofibrilares). Las placas y los ovillos en el cerebro son dos de las características principales de esta enfermedad. La tercera característica es la pérdida de las conexiones entre las neuronas.

La ruina del cerebro - La demencia tipo Alzheimer-2

La prevalencia de la Demencia tipo Alzheimer es de 0.02% en el tramo de edad de 30 a 59 años y pasa a ser de un 10,8% en el tramo comprendido entre los 80 y los 89 años. La gran mayoría de los pacientes de esta enfermedad tienen o han tenido algún familiar con dicha enfermedad. La enfermedad de Alzheimer es más frecuente en las personas portadoras del alelo E4 de la apoproteina E (APOE, cromosoma 19)

Causas

Las causas de la enfermedad de Alzheimer no han sido completamente descubiertas. Existen tres principales hipótesis para explicar el fenómeno: el déficit de acetilcolina, la acumulación de amiloide o prateina tau y los trastornos metabólicos. La causa de la enfermedad es multifactorial con diversos factores de riesgo, que incluyen la predisposición genética (evidenciada porque aumenta la frecuencia si se tiene un pariente en primer grado con la enfermedad, y más aún si son varios), la edad (es más frecuente a partir de los 65 años, a partir de los cuales se duplica cada 5 años) y factores de riesgo exógenos, ambientales, que pueden favorecer su desarrollo, como ocurre con los traumatismos craneoencefálicos graves.

Cada vez es más abrumadora la evidencia epidemiológica de que los factores de riesgo vascular (diabetes, hipertensión arterial, dislipemia, dietas ricas en grasas, tabaquismo…) y otras como la intoxicación crónica leve por metales como el cobre, favorecen también el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer en las personas genéticamente predispuestas.

Reserva cognitiva

Lo mismo puede decirse de la llamada «reserva cognitiva». Las personas con mayor capacidad cognitiva natural y adquirida (cociente intelectual, cultura, estudios académicos, participación en actividades intelectuales y de esparcimiento como juegos de mesa, baile) presentan la enfermedad más tarde que las personas con menos reserva cognitiva, a igual cantidad de lesiones histopatológicas cerebrales típicas de enfermedad de Alzheimer presentes en sus cerebros.

El motivo de consulta suele ser la pérdida de memoria, especialmente de la memoria reciente. No recuerda el paciente donde ha dejado las cosas (incluyendo objetos de valor), olvida citas, recados, se deja grifos abiertos y fuegos encendidos, y no recuerda a las personas que acaba de conocer, ni es capaz de aprender a manejar los nuevos electrodomésticos. Repite una y otra vez las mismas cosas y hace una y otra vez las mismas preguntas y tiene dificultad para encontrar la palabra adecuada en una conversación, utilizando parafasias y circunloquios. El rendimiento laboral es cada vez más pobre. Su aspecto comienza a dejar de preocuparle, empieza a retraerse, tendiendo a dejar de salir y a abandonar sus aficiones habituales. Padece episodios de desorientación espacial. Su percepción de la realidad es cada vez más pobre y el cuadro evoluciona con rapidez hacia la demencia grave.

Los 10 signos de alarma de la enfermedad de Alzheimer son:

  • Pérdida de memoria que afecta a la capacidad laboral
  • Dificultad para llevar a cabo tareas familiares
  • Problemas con el lenguaje
  • Desorientación en tiempo y lugar
  • Juicio pobre o disminuido
  • Problemas con el pensamiento abstracto
  • Cosas colocadas en lugares erróneos
  • Cambios en el humor o en el comportamiento
  • Cambios en la personalidad
  • Pérdida de iniciativa

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer se basa en la historia y en la observación clínica, tanto del profesional de la salud como la que es referida por los familiares.

La ruina del cerebro - La demencia tipo Alzheimer-3

Durante una serie de semanas o meses se realizan pruebas de memoria y de funcionamiento o evaluación intelectual. También se realizan análisis de sangre y pruebas de imagen cerebral (TAC, RNM, PET).

Una vez identificada, la expectativa promedio de vida de los pacientes que viven con la enfermedad de Alzheimer es aproximadamente de 7 a 10 años. El avance de la enfermedad puede ser más rápido o más lento en función del entorno de la persona con Alzheimer. No es una situación fácil y la familia tendrá que hacer grandes esfuerzos para ofrecerle a la persona con Alzheimer un entorno lo más favorable posible.Durante una serie de semanas o meses se realizan pruebas de memoria y de funcionamiento o evaluación intelectual. También se realizan análisis de sangre y pruebas de imagen cerebral (TAC, RNM, PET).

Aceleradores de la enfermedad:

  • Estrés familiar
  • Cambios bruscos en las rutinas diarias
  • Cambio a un domicilio nuevo y desconocido (como son las residencias geriátricas)

Retrasadores de la enfermedad:

  • Ambiente familiar feliz
  • Hacer ejercicio
  • Socializar con sus amigos u otras personas

Los distintos tratamientos farmacológicos (inhibidores de la acetilcolinesterasa, antiglutaminérgicos, neurolépticos, ansiolíticos), contribuyen a retrasar el avance de la enfermedad, mejorando el comportamiento del enfermo en cuanto a la apatía, la iniciativa y a la capacidad funcional, mejorando su calidad de vida. Sin embargo, es preciso remarcar que en la actualidad la mejoría obtenida con dichos fármacos no ha conseguido alterar el curso de la demencia subyacente.

Existen ciertas evidencias de que la estimulación de las capacidades cognitivas ayuda a ralentizar la pérdida de las funciones y habilidades. Esta estimulación consiste en trabajar aquellas áreas que aún conserva el paciente, de forma que el entrenamiento permita compensar las pérdidas que el paciente está sufriendo con la enfermedad.

Cuidar a una persona que padece de la enfermedad de Alzheimer puede tener altos costos físicos, emocionales y financieros. Las demandas del cuidado diario, el cambio en las funciones de la familia y las duras decisiones relacionadas con la colocación del enfermo en un centro de cuidados pueden ser muy difíciles de manejar.

Llegar a estar bien informado sobre la enfermedad es una estrategia a largo plazo importante. Desarrollar tácticas útiles para enfrentar las dificultades y una sólida red de apoyo, que incluye a familiares y amigos también son maneras importantes por medio de las cuales las personas encargadas de proporcionar cuidados pueden ayudarse a sí mismas a manejar el estrés de cuidar a un ser querido que padece de Alzheimer.

Dr. Miquel Colomer Giner

Dr. Miquel Colomer Giner

Médico. Diplomado en Geriatria. Máster en Geriatria Miembro de la Coordinadora de Médicos de Residencias Geriátricas del Vallés Occidental. Ex –Presidente del Colegios de Médicos de Barcelona (Delegación Vallés Occidental de 2002 a 2014) Profesor asociado a la Escuela Universitaria Gimbernat Médico del Centro Residencial Allegra de Sabadell.

Leave a Reply