Carrito

La discriminación no conoce fronteras. Se discrimina a las personas en función de su género, etnia, origen social, ideario, credo… También por motivos de edad. A los jóvenes se les considera inexpertos, impulsivos y, por tanto, poco fiables. A los mayores se les asocia a lo antiguo, a lo pasado, a lo que no es reciente ni nuevo, a lo deslucido y estropeado por el uso. Los mayores, al cabo ya de su etapa productiva, son calificados a veces de inútiles, de estorbo, y tratados de modo más o menos abierto como tal.

Son víctimas de múltiples estereotipos denigratorios. Lo cual es una injusticia y, a menudo, un error. Cuarenta y tres sociedades geriátricas y gerontológicas de diversos continentes se han sumado a una iniciativa que, bajo el lema “Old lives matter” (las vidas de los mayores importan) aspira a combatir el llamado edadismo, la forma de discriminación social más extendida, arraigada y banalizada, aquella que se comete con menos conciencia de hacerlo y menos remordimientos.

Sociedades geriátricas de todo el mundo impulsan la campaña “Las vidas de los mayores importan”

Las razones para luchar contra este tipo de discriminación son muchas. La principal es que los mayores merecen todo el respeto social, no solo porque todas las edades lo merecen, sino porque además es en la vejez cuando se acumulan más conocimientos y una capacidad de discernimiento más decantada. Es cierto que la vejez lleva aparejados achaques y pérdidas físicas.

Pero no lo es menos que también se caracteriza por una mayor sabiduría. Esta razón principal, cualitativa, viene acompañada por otra cuantitativa. La sociedad mundial es hoy más vieja de lo que fue nunca antes. Y más que lo será. Hacia 1900, la esperanza de vida para hombres y mujeres se situaba en España entre los 34 y los 35 años. En 1950, sobre los 62. Ahora está por encima de los 80.

El resto del mundo sigue la misma tendencia. Entre el principio y la mitad del siglo en curso, el número de mayores de 60 años se duplicará, pasando del 11% al 22% de la población global, y de los 605 a los 2.000 millones de personas. En ese mismo periodo, el número de octogenarios se cuadruplicará, alcanzando una cifra próxima a los 400 millones de personas. Hace ya veinte años, la Carta Europea incluyó una declaración de los derechos de las personas mayores, donde se reconocía su derecho a “llevar una vida digna e independiente y a participar en la vida social y cultural”. Es decir, a desempeñar un papel social activo y no discriminado por el mero hecho de haber alcanzado determinada edad. Corren tiempos de movimientos reivindicativos de los grupos sociales que han estado tradicionalmente sometidos a discriminación.

Algunos se fundan en reclamaciones muy evidentes, como las asociadas al género –ahí está el fenómeno MeToo–, o a la etnia–repárese en el movimiento Black Lives Matter, que ha surgido en EE.UU. a raíz de los abusos policiales contra los afroamericanos–. Otras, como la que reivindica la dignidad de la vejez, no había Opinión 17/9/2020 about:blank about:blank 2/2 saltado a un primer plano hasta ahora. Está bien que eso se corrija. Discriminar a las personas por un factor tan aleatorio como es la edad –que en realidad no admite clasificaciones en función de la fecha de nacimiento, puesto que todos envejecemos de distinto modo– es algo absurdo y estúpido. Discriminarlas porque se es incapaz de reconocer el poso que atesora una persona de edad es todavía peor. La edad no es determinante, a menudo no va mucho más allá de las apariencias.

No lo es para los mayores –“Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara”, decía Michel de Montaigne–, ni para esos jóvenes que por serlo se creen superiores –“Hay algo más triste que envejecer, y es seguir siendo niño”, escribió el poeta Cesare Pavese–. Así es. Bien está, por tanto, contribuir a fomentar el respeto a los mayores. Y, sin incurrir en nuevos episodios de corrección política, concederles en nuestra sociedad el espacio que se han ganado a lo largo de sus vidas. Sociedades geriátricas de todo el mundo impulsan la campaña “Las vidas de los mayores importan”

Fuente: https://www.lavanguardia.com/opinion/20200916/483510589272/absurda-discriminacion-de-los-mayores.html

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