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Carrito

La legítima es aquella parte de la herencia de una persona que cuando fallece, va a parar obligatoriamente a unos determinados familiares. Da igual que hagamos o no testamento.

Siempre tendremos que respetar la legítima.

Si hacemos testamento repartiendo nuestros bienes, sólo podremos decidir sobre la parte de bienes que no son de la legítima, y si no hacemos testamento, será la ley la que dirá a quien van a parar nuestros bienes, cumpliendo así con la obligación de respetar la legítima.

La cuantía de la legítima y las personas que tienen derecho a ella, vendrá determinado por la legislación civil que nos corresponda, que normalmente es la ley del lugar donde vivimos. En general, podemos decir que la legítima es para los hijos y si no hay hijos, sería para los nietos y a falta de ellos pasaría a los padres.

1.- Derechos de los hijos:

En el derecho común, la legítima de los hijos es de dos tercios de toda la herencia, que se reparte de la siguiente forma:

El primer tercio, llamado de legítima estricta, se repartirá obligatoriamente entre los hijos por partes iguales, es decir si hay tres hijos corresponderá una tercera parte, de este tercio de la herencia, a cada uno de ellos.

El segundo tercio, llamado de mejora, podremos decidir a cuál de los hijos queremos que vaya. Podemos repartir este tercio a un hijo únicamente o a todos los hijos por igual, pero no podemos destinarlo a otras personas (si hay personas con derecho a la legítima). Por eso se llama tercio de mejora, porque nos permite “mejorar” al hijo que queramos.

Por ello podemos afirmar que cuando decidimos hacer testamento, estamos distribuyendo sólo un tercio de nuestra herencia, ya que los dos tercios restantes van destinados obligatoriamente a las personas que hemos dicho anteriormente.

2.- Derecho del conjugue:

El cónyuge también tiene derecho a una parte de legítima en derecho común, pero en otras legislaciones se le niega este derecho.

Según la Comunidad Autonoma:

En otras legislaciones civiles, el importe de la legítima puede variar, por ejemplo, Galicia y Cataluña, es del 25% de la herencia, Baleares un tercio o la mitad de la herencia, en función del número de hijos, e incluso hay territorios donde no existe la legítima (Navarra).

Detractores y defensores de la legitima:

La legítima ha sido muy criticada por aquellos defensores de la libertad de testar, es decir contrarios a la legítima. Preconizan el que cada uno pueda decidir el destino de sus bienes como le venga en gana, sin tener la obligación de respetar un parte de ellos a favor de unas determinadas personas.

Para los defensores de la legítima, este derecho reserva a unos determinados familiares (normalmente hijos), una cuota mínima del patrimonio familiar preservando así su continuidad (casa, empresa familiar, etc.), o incluso evitando la influencia de terceras personas no familiares que pudieran acabar llevándose todo el patrimonio del difunto.

¿Cuándo y cómo se paga?

La legítima se tiene que pagar a partir del momento de la defunción de la persona o, dicho de otra manera, el hijo puede reclamar al viudo, la legítima de la herencia de su padre o madre fallecido. Y el viudo tiene la obligación de pagarla (normalmente con bienes de la herencia).

Si bien es cierto que, fallecido el padre (normalmente antes que la madre) un hijo no reclama a su madre la legítima de su padre fallecido, no es menos cierto que los pleitos más normales en un despacho de abogados dedicados a herencias es precisamente el de reclamación de legítima al padre o madre viudo. Y son reclamaciones desagradables porque la viuda no puede negarse a pagar la legítima al hijo, por lo que incluso nos encontraremos con casos en que se tienen que vender el patrimonio familiar para pagar la legítima.

También es verdad que, una vez reclamada la legítima, el padre o madre que ha tenido que pagarla, puede modificar su testamento dejando lo mínimo a este hijo que le ha reclamado la legitima.

Podemos establecer en nuestro testamento una serie de medidas para evitar estos problemas de la legítima. La más común es la llamada “cautela socini” que consiste en darle más a un hijo de lo que le corresponde, a condición de que no reclame la legítima hasta que hayan fallecido ambos padres. Y si no está de acuerdo se quedará con la legítima estricta.

Imaginemos que tenemos dos hijos  (los que tienen derecho a dos tercios de la herencia) y hacemos testamento dejando todo a nuestros hijos – es decir les damos más de lo que les correspondería- a cambio de respetar el usufructo de la herencia a favor de la madre o padre superviviente hasta que éste fallezca. De esta manera el cónyuge disfrutará de los bienes que podrá usar o arrendar hasta que fallezca y los hijos heredarán al final toda la herencia de los padres.

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Alejandro Ebrat

Alejandro Ebrat

Nacido en Barcelona el 26 de febrero de 1.958, es licenciado en Derecho. Presidente de la Sección de Derecho Financiero y Tributario del Iltre Colegio de Abogados de Barcelona y Vicepresidente de la Asociación Catalana de Especialistas en Derecho de Sucesiones. Titular de despacho profesional en Barcelona. Profesor de máster en derecho por la UB y el ICAB. Conferenciante asiduo en Colegios y Asociaciones profesionales. Tertuliano en distintos programas televisivos y radiofónicos y a su vez columnista en diarios y revistas de difusión nacional sobre cuestiones asociadas a las herencias y a la tributación. También es autor de múltiples libros.

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