Carrito

Normalmente cuando una persona acude a la Notaria a hacer testamento, lo hace de la manera más sencilla posible: “Dejo heredero/a mi cónyuge y para cuando no haya cónyuge, dejo todo a mis hijos…”.  Esta es la manifestación más común, a la hora de redactar un testamento, pero quizás no se la más recomendable. Veamos los problemas que comporta:

En primer lugar, al hacer este testamento, no hacemos previsión de la legítima, que es aquella parte de la herencia que va a parar a los que tienen derecho a ella, que normalmente son los hijos. Sí es cierto que, fallecido un padre, el hijo no le reclama la legítima al otro cónyuge superviviente, pero no es menos cierto que los pleitos más comunes en un despacho de abogados dedicado a las herencias, es el de reclamación de legítima a un padre. Por eso debemos de dejar la legítima arreglada en el testamento. Hay muchas formas de hacerlo, incluso sin perder nada hasta que hayan fallecido los dos padres. Muchos padres no quieren dejan nada a los hijos hasta que hayan fallecido los dos progenitores. Si bien no es legal negarnos a pagarla -la legítima hay que pagarla obligatoriamente a la muerte de uno de los padres-, tenemos fórmulas para pagarla de manera que los hijos no puedan disponer,  ni vender ningún bien hasta que fallezca el último de los padres.

En segundo lugar, por el tema tributario. Imaginemos a un padre que fallece y le deja todo a la madre. Pasados los años, al fallecer posteriormente la madre, los hijos heredarán la suma de los bienes del padre y madre, es decir el padre se los pasó a la madre y ahora la madre se los pasa a los hijos. En este escenario la suma de la herencia será doble, ya que estarán los bienes del padre y los de la madre. De cara a los impuestos estos es perjudicial, porque cuanto más se hereda más se paga. Si en una primera fase -en el fallecimiento del padre- ya se hubieran repartido alguno de los bienes, ahora, al fallecer la madre no se acumularía tanto patrimonio. De esta manera se puede ahorrar una cantidad considerable de impuestos.

Y de paso arreglamos el primer problema de la legítima. Es decir, matamos dos pájaros de un tiro: por un lado, al fallecer el primer progenitor repartimos algo de los bienes para cubrir la legítima y por otro, de paso ahorramos impuestos, en la suma de las dos herencias.

En tercer lugar, esta redacción del testamento en el que dejamos todo a los hijos (una vez fallecido el otro cónyuge) es el motivo principal de la pelea en las herencias. Dejarlo todo a todos es lo peor que se puede hacer, porque los hijos (y no sólo ellos sino también los yernos y las nueras), entrarán en una pelea para repartirse los bienes de la herencia, muy habitual en estos casos. A los hijos no se les puede dejar “todo” y que repartan ellos. Los hijos no deberían repartirse la herencia, se lo tenemos que dejar todo bien repartido y adjudicado, de esta manera se evitarán disputas. Cuando hagamos el testamento debemos designar qué bienes van a parar a uno y a otro hijo, en la medida de lo posible. Cuanto más repartida esté la herencia, mejor para ellos. Y si no hay bienes suficientes para hacer estos lotes, debemos establecer mecanismos para que no sean ellos los que tengan que decidir: podemos establecer que un albacea haga el reparto si no se ponen de acuerdo, podemos obligar a vender los bienes en el pazo de un año, por ejemplo, si no se decide nadie a quedarse un determinado bien, etc.

Son mucho peores los problemas entre hermanos en una herencia, que los impuestos que tengamos que pagar.  Los impuestos se pagan, con el tiempo se olvidan y se reparte el resto de la herencia de una forma pacífica. Los problemas entre hermanos pueden durar años, generar pleitos judiciales larguísimos y muy costosos y lo que es peor, romper las familias.

CONCLUSIÓN:  A la hora de hacer un testamento debemos asignar a los hijos la cantidad que les toque por legítima, que es la parte que obligatoriamente tiene que ir a parar a ellos.  Debemos repartir la herencia lo máximo posible, entre los herederos. De esta manera pagaremos  menos impuestos y finalmente, hay que hacer un reparto de los bienes adjudicando a cada hijo unos bienes determinados (lotes) en la medida de lo posible, para evitar que ellos tengan que decidir el reparto de la herencia, motivo principal de las disputas entre hermanos.

Alejandro Ebrat

Alejandro Ebrat

Nacido en Barcelona el 26 de febrero de 1.958, es licenciado en Derecho. Presidente de la Sección de Derecho Financiero y Tributario del Iltre Colegio de Abogados de Barcelona y Vicepresidente de la Asociación Catalana de Especialistas en Derecho de Sucesiones. Titular de despacho profesional en Barcelona. Profesor de máster en derecho por la UB y el ICAB. Conferenciante asiduo en Colegios y Asociaciones profesionales. Tertuliano en distintos programas televisivos y radiofónicos y a su vez columnista en diarios y revistas de difusión nacional sobre cuestiones asociadas a las herencias y a la tributación. También es autor de múltiples libros.

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